Los juegos se llevarán a cabo desde este 29 de agosto hasta el 8 de septiembre, y durante estos 11 días, será el turno de la competición para 4.400 deportistas de 167 comités nacionales más un equipo de refugiados.

Más de 200 años después de que la Place de la Concorde fuera testigo de la agitación de la Revolución Francesa, los colores de la república volvieron a iluminar la histórica plaza: en banderas, ropas, cortinas y nubes de humo en el cielo. París había iniciado una nueva revolución.

De la discordia a la concordia, la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralímpicos de París 2024 puso de relieve las paradojas de la sociedad moderna, en la que las personas discapacitadas celebran en el terreno deportivo, pero se enfrentan a numerosos obstáculos en el paisaje cotidiano que no está adaptado a ellas, admiradas pero también compadecidas, miradas fijas pero también invisibles.

Nacido de la mente de Thomas Jolly, el mismo director artístico de la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de 2024, planteaba preguntas difíciles y llamaba a la acción a la sociedad al mismo tiempo que celebraba el deporte y los logros de los paralímpicos.

El ambiente era a ratos festivo, a ratos sombrío, pero el Presidente del Comité Organizador de París 2024, Tony Estanguet, se apresuró a advertir que, al igual que la revolución que presenció la Place de la Concorde hace dos siglos, cuando Luis XVI fue ejecutado en la misma plaza, ésta sería positiva.

«Bienvenidos al país del amor, y al país de la revolución. No se preocupen: esta noche no habrá asalto a la Bastilla, ni guillotina. Porque esta noche empieza la más bella de todas las revoluciones: la revolución paralímpica», dijo Estanguet entre los vítores de unas gradas abarrotadas e improvisadas en uno de los lugares más históricos de Francia y símbolo del cambio, antes llamada Place Luis XV, luego rebautizada como Place de la Revolution y finalmente como Plaza de la Concorde.

«Esta noche, los revolucionarios son ustedes, los atletas», prosiguió. «Como nuestros antepasados con sus gorros frigios, tienen garbo y audacia. Como todos los revolucionarios del mundo, tienen coraje y determinación. Como ellos, luchan por una causa que es más grande que ustedes».

Los juegos se llevarán a cabo desde este 29 de agosto hasta el 8 de septiembre, y durante estos 11 días, será el turno de la competición para 4.400 deportistas de 167 comités nacionales más un equipo de refugiados.

Símbolos en el desfile

En contraposición con la ceremonia del Sena en julio, esta vez no ha llovido y los deportistas han tenido mucho más protagonismo durante el desfile, que ocupó buena parte de la velada.

Flanquados por decenas de animosos voluntarios, las delegaciones llegaron a la Concorde por los Campos Elíseos, la espectacular avenida rematada por el Arco del Triunfo donde cuelgan este verano con los Agitos, el símbolo de los Juegos Paralimpicos.

También ha habido más oportunidad de recrearse con los uniformes de gala de los atletas del mundo, unisex en el caso de España, que ha tenido como abanderados a la judoca Marta Arce y el jugador de tenis de mesa Álvaro Valera.

Una de las delegaciones más aplaudidas ha sido otra vez la de Palestina, cuyo abanderado, Fadi Deeb, cuenta que su discapacidad fue provocada por los disparos de un francotirador israelí en 2001.

En la parte final de la ceremonia, leyendas paralímpicas, primero internacionales y luego francesas, se han ido pasando el fuego llegado desde Stoke Mandeville (Inglaterra), la cuna de los Juegos Paralímpicos.

Cinco fueron los encargados de volver a encender el globo-pebetero sobre el jardín de las Tuillerías: el triatleta Alexis Hanquinquant, los atletas Nantenin Keïta y Charles Antoine Kouakou, la nadadora Elodie Lorandi y el jugador de tenis de mesa Fabien Lamirault.

(Fuente: olympics.com y rtve)